domingo, 6 de enero de 2013

Los castrati



            Mí querido niño:
No me sorprende que tengas una aversión insuperable hasta ahora por aquello que más te importa en el mundo. La gente ordinaria y poco refinada te ha hablado sin rodeos sobre tu castración. Es una expresión tan fea y horrible que habría repugnado a una mente mucho menos delicada que la tuya.

Por mi parte, intentaré conseguir tu fortuna de una manera menos desagradable y te diré, utilizando la insinuación, que necesitas suavizarte por medio de una pequeña operación que garantizará la delicadeza de tu complexión durante muchos años, y la belleza de tu voz para el resto de tu vida.

Actualmente tienes un trato cordial con el rey, te acarician las duquesas, te alaban personas de calidad. Sin embargo, cuando el encanto de tu voz se haya ido, sólo serás el amigo de Pompee y quizá te despreciará M. Stourton (el negro y el paje de la Duquesa Mazarino, respectivamente).

Pero dices que temes que las damas te quieran menos. Olvida esa aprensión. Ya no vivimos en época de imbéciles. Lo que sabemos bastante bien hoy en día es que la gloria sigue a la operación, y por cada amante con M. Dery como lo hizo la naturaleza, un M. Dery suavizado tendrá cien como ella.

Están por tanto garantizadas tus amantes, y es una gran suerte; no tener esposa quiere decir que te librarás de un gran mal -- ¡tendrás la suerte de no tener mujer, y más suerte aún de no tener hijos! Una hija de M. Dery se quedaría embarazada, un hijo conseguiría que le enviaran a la horca y, lo que es todavía más seguro, su propia mujer le convertiría en un cornudo.

Protégete de todos estos males con una operación rápida; sólo estarás comprometido contigo mismo, disfrutando de la gloria después de este pequeño asunto que te conseguirá tanto fortuna como la amistad del mundo.

Si vivo lo suficiente para verte cuando tu voz se haya roto y te haya crecido la barba, te lo reprocharé ampliamente. Evita que esto ocurra y créeme el más sincero de todos tus amigos.

He querido empezar este artículo para El buque fantasma, con una transcripción literal de la carta mandada en 1685  por Charles de Saint-Evremond (político y escritor francés siglo XVII) a M. Dery (joven paje de su amante, la Duquesa de Mazarino), según refleja Patrick Barbier (escritor francés contemporáneo, autor de innumerables libros sobre música) en su libro de 1989 Histoire des Castrats [Historia de los Castrati].
Pero, ¿cómo comenzó todo?, ¿de qué manera se llego a emplear la castración en niños de forma habitual durante siglos?, empecemos por el principio:
A mediados del siglo XVI y bajo el pontificado de Paulo IV, se promulgó una bula en la que se prohibía a las mujeres cantar en las iglesias, debido a una epístola de San Pablo: “Mulier taceat in ecclesia” (la mujer permanecerá en silencio en la iglesia). Ante la necesidad de las escolanías de mantener voces atipladas, comenzó esta práctica que perduraría hasta su abolición por la corte italiana en el siglo XIX.
La consecuencia de una castración en la pre pubertad era la no madurez de las cuerdas vocales y la casi ausencia de vellosidad, excepto en la cabeza donde el pelo era fuerte y abundante. En cambio el desarrollo de la caja torácica y de la musculatura corporal era el normal, luego la capacidad pulmonar era la de un hombre con el timbre musical de una mujer con registros altos (soprano a mezzosoprano). Sin embargo esta práctica no condicionaba la sexualidad ni la práctica de relaciones, todo lo contrario, una gran legión de admiradoras suspiraban por sus favores, entre otros motivos por la incapacidad para procrear de los castrato.
Se da una paradoja en lo anteriormente expuesto, la castración era ilegal, había una ley en el derecho canónigo y en el civil que prohibía la amputación deliberada de cualquier parte del cuerpo humano. Para evitar la persecución y condena de quienes las practicaban, el Papa Clemente VIII autorizó “ad Gloriam Dei” (por la gloria de Dios) la castración.
Según los textos estudiados tal práctica comenzó posiblemente en España, aunque pronto se delimito a Italia y a algunos estados alemanes. Su uso se hizo indiscriminado, los padres de la regiones más pobres llevaban a sus hijos a castrar, como única posibilidad de salir de la pobreza, se calcula que en la época de máximo auge se pudieron practicar más 4000 castraciones al año en Italia. Sin embargo, no se realizaba ningún tipo de prueba con anterioridad al niño para comprobar sus dotes musicales, lo que conllevaba que si el muchacho no poseía las facultades necesarias, era expulsado de las escuelas para castrato que existían por toda Italia, perdiendo todos los privilegios que gozaban dentro de la misma. Pero además eran rechazados por la sociedad dado su condición de mutilados, lo que les acarreaba graves problemas psíquicos
La intervención, (realizada por cirujanos o barberos de la época) era sencilla: se introducía al muchacho en una bañera de leche caliente y mediante un masaje en las yugulares, se conseguía un aturdimiento que aprovechaban para extirparles los testículos.
A partir de ahí los muchachos eran llevados a una escuela en la que pasarían, si sus condiciones eran la idónea toda su formación.
El estudio era intensivo a lo largo del día, se ejercitaban en el canto, en el aprendizaje de las letras, en la improvisación e incluso en prácticas con instrumentos y  de composición. Recibían un trato especial, buena alimentación y las mejores habitaciones de las escuelas. Al terminar los estudios eran enviados a lo largo de la geografía europea, debido a la gran demanda que había de estas voces.
Il castrato tenía un lugar destacado en la sociedad de la época, estaban muy considerados y podían amasar grandes fortunas. Los grandes teatros de Ópera europeos se rifaban los contratos de los más famosos de ellos. Los que no alcanzaban la fama, eran contratados por coros de iglesias, dado de la necesidad de contar con este tipo de voces.
Por hacer una comparación con la actualidad, podríamos comparar su estatus social con las actuales figuras del rock o deportivas, tanto en su influencia social como en la económica.
Tenemos referencias de castrato que consiguieron la fama y el poder, por enumerar algunos de ellos baste nombrar a:
Baldesarre Ferri (1610-1680), Antonio María Bernachi (1685-1756), Carlo Broschi (1705-1782), Carlo Pacchiarotti (1740-1821), entre otros. El último castrato del que se tiene referencia no solo documentada sino sonora,  es Alessandro Moreschi (1858-1921).
Vamos a detenernos más detenidamente en la figura de Carlo Broschi, más conocido por Farinelli. Nació en el seno de una familia acomodada, siendo castrado de niño y enviado a un conservatorio. Muy pronto destacó por la belleza de su voz y por los toques personales que daba a las composiciones y por sus facultades ya que debido a su capacidad torácica podía mantener durante un minuto una nota sin esfuerzo.
Pronto adquirió fama en el sur de Italia, conociéndose por “Il ragazzo”. En sus primeras actuaciones interpretaba roles femeninos de operas compuestas por su maestro Nicola Porpora. Cosechó un gran éxito en Roma y de ahí viajo a Viena y Venecia. En 1727 conoció en Bolonia a otro castrato de fama Antonio María Bernachi, del que adquirió parte de su instrucción.


En 1734 visitó Londres, obteniendo un gran éxito y los favores de la corte británica, residiendo en esta capital durante tres años. Tras un breve paso por Francia recaló en España. En un principio pensaba quedase unos meses, pero fue contratado por la reina de España para aliviar a Felipe V  de su melancolía. Tal fue su influencia en el rey que prolongó su estancia en España durante 25 años. En el reinado de Fernando VI fue nombrado director de teatros de Madrid y Aranjuez y condecorado con la Cruz de Calatrava.
Terminó sus días en Bolonia, a donde se retiró con una inmensa fortuna acumulada.
Su vida fue llevada al cine en la película de 1994 Farinelli Il castrato, en esta película se narra una biografía de Farinelli totalmente irreal. El español Tomás Bretón compuso la opera Farinelli a principios del siglo XX con libreto de Juan Antonio Casvetany.
Hoy día no se comprendería el barroco sin la figura de los castrati, la mayoría de las óperas compuesta en esa época estaban pensadas para este tipo de voces, lo que conlleva a una dificultad extrema, el encontrar hoy en día contratenores que puedan acercase a los registros vocales de estos personajes.

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